No me olvido de ti, te llevo en mi cabeza y en mi corazón; cada momento, cada detalle, tiene un lugar en mi cajón de recuerdos.
Ese beso robado, esas miradas escondidas, ese roce de nuestros dedos intentando tocarse, esa emoción de vernos cuando sea o como sea, la espera junto al teléfono, o a la pantalla del computador para chatear, esa espera la llevo en la cabeza.
Sentarnos juntos en el bus o en la camioneta para poder recostar mi cabeza sobre tu hombro, irnos al parque de cerca de la U para poder mirarnos de frente y robarnos besos; las fiestas de disfraces en el pub, las tardiadas en Carlos E, viernes de teatro en el centro, conciertos en el Porfirio Barba Jacob y en el Carlos Vieco, compartir, pasar el rato entre café, cerveza, cigarrillos y palabras los llevo en mi cabeza.
Llevo en mi cabeza a esas amigas que volví a encontrar en un momento difícil de mi vida para sentirme menos sola, recorrimos juntas un camino inolvidable lleno de aventuras y enseñanzas pero que luego de un tiempo cada una siguió con la vida que quería construir, ese tiempo que pasé con ellas fue muy valioso para recordarme que solo necesitaba una silla, un café y unas palabras para pasar el rato, y algunas veces solo la compañía era suficiente.
Llevo en mi cabeza a esos amigos que conseguí a través de amigas, en la universidad, en el trabajo, en ciudad café, en un derrumbe, en el monte y que me hicieron sentir segura a pesar de los ambientes en los que estábamos, con los que bailé, reí, y logré conectarme de tantas maneras a través de la palabra, de los cigarrillos, de la fotografía, el café, la cerveza y sobretodo de la importancia de hablar solo nimiedades.
Y aunque cada uno siguió con su vida, siempre hay una alegría en el momento de un encuentro fortuito, como si no hubiese pasado el tiempo.
Los llevo en mi cabeza: amigas, amigos, café y letras.

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