Dejando las pastillas atrás
Cuando aceptas que eres ansiosa,
te embarcas en un camino sinuoso
lleno de altibajos, emociones y aprendizajes;
y no puedes lograrlo sola,
entonces te sumerges en:
las terapias,
los medicamentos,
los procesos,
los ejercicios de respiración y de manejo;
los puentes y los reencuentros
crean todo un sistema de apoyo
del cual te habías alejado por creer
que todo lo podías hacer sola.
Aprendes a manejar la ansiedad
pero no dejas de serlo,
está ahí dentro de ti,
como una sombra,
como un tatuaje que te marca.
Y llega el momento de andar sola nuevamente,
sin bastones,
sin medicamentos ni terapias,
pero si con las herramientas que adquiriste;
y te aterra,
te cuestionas constantemente
si estás cayendo en viejos arrebatos sintomáticos,
te invade un miedo tal
de volver al principio nuevamente,
y te esfuerzas por quedarte donde estás ahora;
a veces cuesta más,
a veces duele más,
pero las ganas de seguir respirando tranquilidad
te impulsan a seguir adelante en el camino.
Dejar los bastones es agotador,
se siente que estás dando un paso atrás,
sin saber que es pasajero;
unos días sientes que volviste,
llena de energía desbordante,
vibrante,
con ganas de todo;
y llegan otros que te tumban
te dejan sin aire,
y crees que no te vas a volver a levantar.
Pero te das cuenta que ya no cuesta tanto,
que ya no te toca,
que es una elección,
y eliges seguir siendo tú,
con control,
sin pisar el acelerador desenfrenado
que te llevaba por esos caminos intransitables
hacia el caos.
Me permito darme el espacio
para reconocer mis miedos,
y ahora tengo la capacidad de manejar mis detonantes,
puedo tener el control.
La fotografía pertenece a María Camila Tobón





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