Dejando las pastillas atrás

Fotografía tomada por Camila Tobón para el poema Dejando las pastillas atrás


Cuando aceptas que eres ansiosa,   
te embarcas en un camino sinuoso  
lleno de altibajos, emociones y aprendizajes;   
y no puedes lograrlo sola,  
entonces te sumerges en:  
las terapias,  
los medicamentos,   
los procesos,  
los ejercicios de respiración y de manejo;  
los puentes y los reencuentros   
crean todo un sistema de apoyo  
del cual te habías alejado por creer  
que todo lo podías hacer sola.  

Aprendes a manejar la ansiedad  
pero no dejas de serlo,  
está ahí dentro de ti,  
como una sombra,  
como un tatuaje que te marca.  

Y llega el momento de andar sola nuevamente,
sin bastones, 
sin medicamentos ni terapias,
pero si con las herramientas que adquiriste;
y te aterra,
te cuestionas constantemente
si estás cayendo en viejos arrebatos sintomáticos,
te invade un miedo tal
de volver al principio nuevamente,
y te esfuerzas por quedarte donde estás ahora;
a veces cuesta más,
a veces duele más,
pero las ganas de seguir respirando tranquilidad
te impulsan a seguir adelante en el camino.

Dejar los bastones es agotador,
se siente que estás dando un paso atrás,
sin saber que es pasajero;
unos días sientes que volviste,
llena de energía desbordante,
vibrante,
con ganas de todo;
y llegan otros que te tumban
te dejan sin aire,
y crees que no te vas a volver a levantar.

Pero te das cuenta que ya no cuesta tanto,
que ya no te toca,
que es una elección,
y eliges seguir siendo tú, 
con control,
sin pisar el acelerador desenfrenado
que te llevaba por esos caminos intransitables
hacia el caos.

Me permito darme el espacio
para reconocer mis miedos,
y ahora tengo la capacidad de manejar mis detonantes,
puedo tener el control.

La fotografía pertenece a María Camila Tobón

Todos los derechos de autor reservados ©

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