Estoy rota
Muchas veces he comenzado un cuento o un poema con una caída, que termina en una fractura, una lesión, una y otra vez, desde la última vez hasta ahora he escrito más que antes, y he llegado a la conclusión que tengo un problema en el pie izquierdo desde que tengo uso de razón, pero lo inaudito del asunto es buscar ayuda y que al doctor le parezca cómico que me vea otra vez por una lesión en el mismo pie.
Esta es la historia de la séptima lesión: lo que comenzó como un esguince y se convirtió en una rotura de dos ligamentos marcando mi vida los últimos 6 meses.
Entonces empecemos por el principio: andaba yo en lo mío, animada en su momento porque finalmente me sentía mejorando en muchos aspectos anímicos y personales, iba caminando, tranquila por fin, mirando hacia adelante con aliento, pero mis pies tenían otro plan, tal vez por años de lesiones mal tratadas, sin la suficiente terapia o recuperación, mi pie izquierdo entonces se dobla hacia adentro y yo siento un clic y un dolor súbito que me incapacita para seguir caminando, pero mi terquedad o mi alta tolerancia al dolor dejaron que siguiera caminando hasta montarme en un carro que me llevara a casa.
Llegué a mi casa caminando con dolor y dificultad a guardar reposo y evaluar mi pie, y efectivamente estaba hinchado y morado, no era una simple torcedura de pie, era necesario ser evaluada por un médico; me dirigí entonces al servicio de urgencias de mi plan de salud, y después de radiografía, medicamento para el dolor y la información finalmente me evalúa un ortopedista, creyendo yo que me iba a diagnosticar como se debe de acuerdo a mis antecedentes en ese pie y por ser esta: “La séptima lesión”.
– Carolina en la historia clínica veo que no es la primera vez que la veo, le debería de dar una tiquetera – dijo el médico ortopedista mientras miraba mis resultados con una sonrisa a medias en su rostro.
Mi acompañante y yo no sabíamos si reírnos o que, solo seguimos haciendo preguntas acerca del diagnóstico y tratamiento.
– Use esta tobillera una semana, puede apoyar prudentemente, y luego siga su vida normal, es un simple esguince – concluye después de examinarme el pie izquierdo.
Yo le manifesté mi inquietud acerca de mis múltiples lesiones y si no era necesario otros exámenes o fisioterapias o que, pero dijo que no era necesario, y como él es el profesional, hice lo que me dijo.
Con el pasar de los días mejoré con reposo, apoyo “prudente” del pie y fui retomando mis actividades normales, pero llevaba 2 meses sin sentirme bien del todo y segura de moverme sin limitaciones: tenía dolor al apoyar, caminar, inflamación, hasta que consulté una segunda opinión: –Debido a que es su séptima lesión es necesario una resonancia magnética que muestra el estado de los ligamentos y otras partes del tobillo que no muestra una radiografía simple, es delicado el tema que no haya sido tomado con la atención que merece – dijo el médico ortopedista al que consulté por una segunda opinión con la seriedad del caso.
Frustrada ante la noticia, me hice la resonancia magnética que arrojó como resultado la rotura de dos ligamentos y otros problemas más que requieren cirugía, ¡Cirugía! Esa palabra me asustó tanto, que solo imaginaba el dolor y la larga recuperación, pero ha sido más larga la espera del diagnóstico a la cirugía; en este punto llevaba 2 meses después de la lesión.
Pensamiento interno de la autora:
– Hasta que no les pase
no lo van a sentir igual:
la falta de medicamentos,
las demoras en atención,
los tratamientos ineficientes,
las cirugías sin respuesta,
las tutelas inútiles,
si seguimos así
el sistema de salud
solo colapsará
hasta dejar de existir,
y solo nos quedará el acetaminofén –
Sigue entonces la espera de la autorización de la cita con el cirujano especialista de tobillo para confirmar el diagnóstico y me operara, más otros dos meses; el cirujano confirma que necesito cirugía, sigue la espera para la autorización de la cirugía y la programación de la cirugía, otros dos meses.
Pero en el quinto mes, después de lograr caminar bien sin dolor ni inflamación, a pesar de mi lesión en el tobillo izquierdo, sufrí una torcedura en el pie derecho, si en el pie bueno, el pie que ha sido el apoyo y el soporte para compensar el otro pie, si otra lesión. Llorando desconsolada en la calle después de la torcedura, no logro comprender la razón de esta situación, ya que si en cualquier momento me operan: ¿Cómo voy a hacer para moverme con un pie operado y el otro lesionado?, me costó parar las lágrimas y calmarme, sabía que necesitaba acudir al médico ortopedista para evaluar esta lesión.
Volví donde el mismo ortopedista que me diagnosticó la rotura de ligamentos, y ahí mismo sin autorizaciones o más tiempo de espera me hice la radiografía particular para saber qué tenía: un esguince de primer grado, no era grave ni estaba tan impedida como otras veces, hice al pie de la letra cada indicación y cada fisioterapia con la meta de estar bien al momento de la cirugía. Y aunque no estoy al 100%, me duelen algunos movimientos.
Y aquí estoy dos días antes de la cirugía escribiendo para calmar los nervios como han sido estos seis meses de limitaciones, dolor, encierro y reposo, obligada por una lesión mal diagnosticada, y aunque tuve días malos, tuve días tan buenos en los que no dejé que mis pies me detuvieran para disfrutar momentos que se presentaron en el camino: fiestas de cumpleaños, viaje a Jardín huyendo de la alborada donde caminé con mi mamá en el parque, la cena de navidad en familia, entre otros; tratando de estar sentada cuidándome los pies, pero aprovechando cada momento que tuve para quedarme con muchos recuerdos.
Estos meses me desafiaron, hicieron bajar la velocidad a mi vida de tantas maneras, a mirar cada situación desde otra perspectiva, desde la quietud y la calma: aprendí a tomar un respiro antes de desesperarme, y a veces lo hice, pero encontré la manera de salir de allí, siempre de la mano de todos los que no me soltaron en todo este tiempo y me sostuvieron para no recaer en viejos hábitos ansiosos, sin ellos no lo habría logrado.
La noche antes de la cirugía los pensamientos catastróficos revoloteaban en mi cabeza una y otra vez, pero intenté que no me quitaran el sueño pues me esperaba un día pesado, y logré dormir algunas horas.
Se llegó el día y asombrosamente me levanté calmada y con toda la disposición y las ganas q este día pasara rápido y poder empezar otra etapa: la recuperación; como cosa rara en mí llegué de primero al sitio, primero que el personal de admisiones, realicé el proceso de ingreso y: ¡Para adentro!. En ese momento vestida con ropa estéril, sentí un frío y comenzó la angustia, estaba sola y en un lugar seguro, con personal profesional pero para una persona ansiosa cualquier incertidumbre genera miedos.
Acostada en una camilla y mis venas listas para los medicamentos, estaba esperando mi turno para la cirugía, desde esa posición me tocó observar por mucho rato (2 horas y media) como cada paciente llegaba a canalizar vena, tomar signos vitales, marcar el miembro el cual iba a ser intervenido, observar para calmarme, cada detalle, cada micro expresión facial, cada persona traía una preocupación al respecto, y cada una miraba a su alrededor esperando lo mismo: reparar lo dañado.
Llegó el momento de la verdad, un enfermero tomó mi camilla y me explicó que me iban a realizar un bloqueo anestésico de la rodilla para abajo en vez de anestesia general, es una sensación nueva, no sentir un miembro del cuerpo sabiendo que está allí, enviar señales nerviosas para que se mueva y no reaccione es impresionante, ver que te pasen algo punzante y no sentirlo es poderoso.
Inmediatamente me hicieron el bloqueo me llevaron al quirófano, y logré mirar la hora 8 en punto de la mañana, en ese momento me invadió una sensación de alivio y toda mi angustia se esfumó en el aire, como si dejara todas esas preocupaciones atrás. Ya en el quirófano acostada en la mesa de procedimientos, me impresionó la organización del personal: cada uno tenía una función y sabía qué hacer, y como una persona sistemática y organizada como yo eso me encantó y me dio seguridad; yo mientras estaba buscando algún elemento en el lugar para mirar fijamente para continuar con la calma y aguantar hasta el final en ese estado, y en el fondo del ruido del quirófano escuché música, pero no cualquier música, música ochentera y noventera de todo mi gusto, cerré mis ojos y decidí cantar en voz baja las canciones que me sabía, y las que no las tarareaba, el anestesiólogo se percató y solo dijo: mejor canta para guardar la calma que vas a escuchar cosas que no habías escuchado antes, y yo seguí cantando en voz baja.
Hasta que llegó el momento de los ruidos fuertes, broca y martillo, escucharlos y sentir que te están interviniendo pero realmente no sientes nada me hizo abrir los ojos y comenzar a respirar profundo, me aterraba que comenzara a sentir algún dolor, pero me operaron, me martillaron, me arreglaron los ligamentos y como si estuviera fuera de mi cuerpo por esos 60 minutos no sentí dolor alguno, sentía los movimientos de la pierna: arriba, abajo y ya.
Finalmente la cirugía acabó y fue un éxito, el cirujano salió del quirófano y cada profesional comenzó a retirar instrumentación y demás, ponerme el vendaje para llevarme a recuperación. El frío era insoportable, pero me pusieron un calentador entre la cobija. La espera parecía tan grande pero necesaria para dejarme salir a mi casa con la seguridad que estaba bien.
Ya en casa respiré tranquilidad, rodeada de mi mamá, mi esposo y mis perritas fieles que me vieron llegar en muletas y no se me abalanzaron como siempre lo hacen al recibirme, con cautela se acercaron a olerme las muletas, la bota ortopédica y se alejaron en un primer momento, acompañándome guardando distancia hasta la cama que va a ser mi refugio por 1 mes.
La primera noche fue horrorosa, al pasar el efecto anestésico, comencé a sentir un dolor intenso, peor que el que conozco de las migrañas, y tuve que comenzar antes de lo previsto el medicamento del dolor, dormí poco, no hallaba una posición para dormir, y apenas volvió a salir el sol sentí un alivio, a pesar de haber pasado una noche intensa, me levanté con la mejor disposición en el camino a la recuperación, pues depende de los cuidados que tenga el éxito de la cirugía, y que en unos meses logre salir caminando sin dolor, sin miedo a caerme.
Los días posteriores a la cirugía han sido de adaptación: quedarme quieta, guardar reposo, tomar los medicamentos a tiempo para que tengan el efecto esperado, es muy importante desinflamar para mejorar, y sobre todo llevarlo de la manera más asertiva para no caer en síntomas ansiosos.
No voy a negar que han habido momentos que siento que no voy a poder con esto, que mi ansiedad va a ganar, pero la diferencia es que ahora tengo otras herramientas con las que afrontar una situación como esta: como algo temporal, que tengo el cuidado y el apoyo de las personas que me aman, y por lo tanto lo aprovecharé para aprender, para escribir al respecto, para dejarme atender, para seguir este rumbo sin daños colaterales. Y que al final pueda decir que ha sido una pequeña victoria.
La verdad es que no me esperaba estar así de bien a la semana de la cirugía, que iba a costar más todo, más esfuerzo a nivel físico y emocional: logré comenzar la marcha parcial con muletas, los ejercicios de dorsiflexión, sin dolor, con toda la buena energía y disposición para hacerlo todos los días, definitivamente la actitud ha marcado la diferencia en este proceso.
El dolor vuelve, hay noches sin poder dormir y tener un sueño reparador, la bota ortopédica incomoda, este proceso de recuperación no ha sido fácil por mi esguince en el pie que estaba sano, sin este estar completamente funcional para apoyarse bien, es muy duro; y esto me frustra mucho, a pesar que he superado otras cosas y creí que al dejar ambas muletas iba a mejorar pero duele de nuevo, por lo menos hasta la cita de revisión con el ortopedista usaré una sola muleta para quitarle peso a mi pie derecho y logre sanar, me sigo ayudando con ejercicios suaves mientras guardo reposo y lo hago con ambos pies, de alguna manera me tengo que ayudar para lograr mejorarme.
Y llega un mal día, siento que necesito salir corriendo y no puedo, llevo 17 días encerrada, me hace falta salir, pasear las perritas, disfrutar la calle, moverme, hacer las cosas por mí misma, mantenerme de pie por un tiempo, ¡pero no puedo!, es tan frustrante, y comienza la presión en el pecho y las ganas de llorar, me desahogo, saco mis frustraciones a flote, tomo unas gotas de valeriana para ayudarme a calmar mis nervios; y a la final encuentro una oportunidad de escaparme, aunque sea por unas horas: me sirvió tanto esa salida, y pude darme un respiro del encierro en el que estaba.
Llegando a la meta sin muletas, durmiendo sin la bota ortopédica, haciendo ejercicios y fisioterapia en casa, comienzo a sentir que estoy logrando mi objetivo, me he cuidado tanto para llegar a este punto, y falta poco para aprender a caminar de nuevo sin ayudas, con los tobillos reparados, sin dolor para poder volver a recorrer mi camino junto a todos ustedes nuevamente.
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