Huyes, huyes todo el tiempo y le tienes tanto miedo a la confrontación, que sigues huyendo sin importar lo que vas dejando atrás, llevas tantos años huyendo que solo sabes huir, pero a la vez no crees que valga la pena desgastarte en una lucha que sabes que no vas a ganar, ¿a dónde te llevaría enfrentar y decir lo que te tiene desestabilizada, todo lo que piensas y sientes? A sabiendas de que eres una persona tan sensible por dentro, pero por fuera eres tan decidida a hacer lo que más te convenga, huir es la respuesta más fácil para los demás, pero para ti, es más importante la tranquilidad personal, y el precio son las múltiples huidas que has venido emprendiendo desde que puedes.
Las presiones físicas o mentales, los gritos, las discusiones, las confrontaciones, las peleas, los ires y venires de caprichos ajenos, los círculos viciosos, los desacuerdos, son los principales motivos por los cuales te cansas de los lugares, de las personas, de los trabajos, de las relaciones, y terminas huyendo, para comenzar de nuevo y darte cuenta que si seguías como ibas, terminarías infeliz, terminarías destacándote por lo que más detestas y no por lo que realmente eres. Estás en una búsqueda constante de llenar vacíos, de ocupar un lugar importante en lo que haces y en lo que eres, en donde estés, de dejar en alguien lo valioso que solo tú sabes dar, y por eso la huida es el encuentro de oportunidades de vida, de regresos, de acabar con círculos interminables de lo condenado, de cerrar capítulos que nadie más se atrevía a cerrar, de descubrir cada vez más que lo que vale la pena es ser feliz, así sea por momentos, huyendo buscabas esa felicidad momentánea, que después volvía a dejarte vacía.
Al sentirte como ahogada, que no te dejan hacer nada más, te vas sintiendo como una inútil, es como un estancamiento mental y emocional que te invade desde que eras pequeña, y que no reconociste hasta que perdiste tres personas que marcaron tu niñez, y que solo se llenó después de besar muchos sapos, de que te atropellara una volqueta, de estrellar un carro en una montaña para luego saber que tenías taquicardia, de atravesar derrumbes y tener cuidado de que una piedra no te cayera en la cabeza, de viajar por carreteras destapadas o pavimentadas, de ensuciarte las manos, los pies, la cara y hasta el corazón, de caminar hasta el cansancio, de aguantar sol, sed, y hambre, de dormir en el piso, en literas, en sacos de dormir, en sótanos húmedos, en hoteles, hostales, residencias familiares, en campamentos o donde te cogiera el sueño, de cruzar quebradas, ríos, arroyos, charcos, montañas o llanos, de coger un dengue, infecciones intestinales, respiratorias, y migrañas, ver algún muerto mientras recorres el monte y pasar de largo, escuchar historias que no te interesan por el hecho se inspirarle confianza a la gente que apenas conoces, de ser prudente con lo que hablas porque no sabes con quien podrías estar al lado, de guardar la calma cuando recibes un panfleto de la guerrilla, de tomar decisiones por ti en ambientes hostiles por la violencia, de huir en una volqueta, en un camión, en un chivero, en caballo, o en lo que sea, cuando la seguridad del campamento está comprometida, de sacar fuerzas de donde no sabes para continuar cuando crees que ya no puedes soportar más tanta inestabilidad, tanta insatisfacción personal que no has podido llenar después de tanto, después de todo, no sabes si el peligro te persigue, o si tu persigues el peligro para alentarte a mantenerte viva, a sobrevivir por algo que buscas con todo tu ser, y que te demoraste años en encontrar.
Tienes una energía desbordante para tantas cosas que muchas veces, personas, lugares, recuerdos, no dejaban que fluyera como deseabas, y por eso huías, para no tener que enfrentar el fracaso, el rechazo o el cambio de lo que te llevó construir por algún tiempo, el estancamiento de y la sensación de estar atrapada en círculos viciosos te hastiaban para emprender otra aventura que esperabas encontrar lo que siempre andabas buscando: llenar vacíos.
Hay diferentes maneras de huir, y las has probado todas, hasta el cansancio, hasta el dolor físico y mental, hasta llevar el límite tu paciencia, y tú mismo corazón, teniendo que dejar atrás muchas veces lo que creías que amabas y necesitabas, lo que creías que te hacía bien, pero que estaba disfrazado de apariencias y mentiras, y que descubrías con dolor la verdad oculta entre los delatores.
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Caroo!....me gusto, que chevere escribes!
ResponderEliminarUn abrazo gigante :):)
Carol, qué contenta me he puesto al encontrarte.
ResponderEliminarAbrazos a montones.
J20, gracias por leerme y dejarme un comentario, siempre es alentador leer palabras así, te invito a ser seguidor.
ResponderEliminarMejorana: gracias siempre por estar ahí, y alentarme con tus palabras, te invito a ser seguidor.
Gracias un abrazote a los dos.
Zero/Carolina Charry Alzate