Pequeñas cosas hermosas
La ausencia de un ser presente
Nada
Cuando intentas controlar todo,
una piedra ardiente
te pesa en el pecho,
te agotas mentalmente
y tú cuerpo comienza a manifestarse.
Temo perderme en el silencio
y desaparecer.
Cuando la vida te supera
y no eres capaz de dar la vuelta
necesitas detenerte,
salir y respirar.
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Sabes que es amor
Sabes que es amor
cuando te lavan el pelo ensangrentado
después de una cirugía de mandíbula.
Sabes que es amor
cuando te hacen sopas licuadas
con todo lo que necesitas
para poder comer y alimentarte.
Y sobre todo sabes que es amor
cuando te miran como la primera vez
así hayan pasado 10 años;
cuando se le iluminan los ojos
así estés con sudadera y buzo,
pues solo le interesa tu esencia.
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Cartas de mis abuelos
Hace 2 años recibí de mi madre un estuche que contenía cartas que mis abuelos escribieron hace muchos años, lo guardé y atesoré para abrirlo en el momento correcto, en ese tiempo no sentía que lo fuera, llamémoslo instinto de escritor, pero lo abrí hoy porque hasta ahora siento una paz interior conmigo misma, hoy no tenía fantasmas del pasado rondando por ahí y me siento tranquilamente yo, siendo como soy y viviendo la vida que llevo, disfrutando el presente sin mirar atrás con tristeza, sin compararme con nadie más, siguiendo mi propio ritmo y aceptándome con todo el amor.
Me dispuse entonces con todo el cuidado a abrir el estuche, para no rasgar ni dañar nada, estas son cartas de 1938, las abrí con toda la delicadeza del caso.
Y les digo que siempre fui una enamorada de mis abuelos maternos, por todo lo que me brindaron cuando crecí, y sus enseñanzas las llevo arraigadas en mi ser y mi personalidad; hoy al leerlos me enamoré más de ellos, como compartieron a través de notas, cartas y telegramas su vida, sus encuentros y desencuentros, su amor, y sobre todo un romanticismo que desconocía entre ellos, conocer a través de las palabras sus historias más íntimas desde el corazón; ahora adquiere un sentido mi escritura aún más profundo de lo que era, y agradezco esta herencia poética que llevo en mi sangre gracias a ellos también.
Es valioso para mi vida saber que su amor en letras lo tengo como un regalo, con más razón atesoro todo lo que me dieron en la vida mis queridos abuelos.
Gracias Mamá por este regalo que tenía que abrir en el momento indicado y con el mayor de los respetos por ellos.
Y en una carta de ella para él le dice: “Hace algunos días que me dedico a cultivar amor, amor este que lo he dedicado” Y ese amor lo llevo en mí desde que nací.
¡Gracias abuelos!
Publico estos telegramas en honor a ellos y cómo parte de ese estuche que abrí hoy: con cartas, notas, telegramas, un pañuelo, trozos de cabello.
La última foto es una canción de Julio Jaramillo que mi abuelo transcribió a máquina para podérsela cantar a mi abuela a son de guitarra junto con vino que ella tomaba en esas noches románticas que tenían.
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Ese maldito momento
Simplemente hay situaciones y personas de las cuales ni siquiera vale la pena escribir, perder energías o tiempo, pero en esta ocasión te encontraste con lo impensable, hasta los imposibles si pueden ocurrir, y me pregunté tantas veces las razones de lo ocurrido, y para llegar a ese maldito momento debería reconocer que me lo merecía, por ser muy “sociable” con los hombres, o “demasiado amable” con mis compañeros de trabajo, o la que más me ofendió: “Carolina eres demasiado confiada con ellos, y tal vez te lo buscaste”, me dijo el director mientras recibía mi carta de renuncia.
Aun así, nada justifica que este tipo de situaciones ocurran en un campamento donde se supone te debes de sentir cómoda y segura, tampoco que esa persona en la que confiaste durante el poco tiempo que comenzaste ese proyecto se meta a mi habitación sin ser invitado a forzarme en mi propia cama, sin detenerse ante el no quiero, no más, ándate, y que nadie me escuchara ni me auxiliara. No sé cómo o de dónde saqué fuerzas, pero no permití que llegara hasta donde él quería a la fuerza; me dolían los brazos y las piernas de luchar contra su peso, sentía que me ahogaba y no podía respirar ni continuar, por momentos sentí rendirme, pero había algo en mí que no podía permitir que ese maldito momento sucediera y que el ganara en su coacción, hasta que se fatigó y se fue a su habitación.
Quedé en shock, agotada y llorando en silencio en la madrugada de ese domingo, solo quería irme a mi casa y dejar todo tirado, y comencé a sentir ese olor a su sudor en mí, en mi cama, en la habitación, estuve despierta aguantando ese olor hasta poder levantarme, me sentía como un peso muerto, tirado, mirando el techo, juntando energías para salir de la cama; en ese primer intento, me percaté que el baño estaba ocupado, ahí maldije que un baño para 5 personas en una misma casa como campamento y mixto no es suficiente, pero me senté detrás de la puerta de la habitación a esperar y esperar, no podía más con ese olor, esperé a que todos se fueran para finalmente ducharme y quitármelo de encima, las lágrimas no cesaban, y mis ojos hinchados no me iban a ayudar en la estadía en la oficina. Tenía que llegar allí, y las piernas no me funcionaban, me detuve en la puerta de la casa sin saber qué hacer o hacia donde dirigirme sabiéndolo, con la mirada perdida y por inercia llegué a la oficina.
No quería que me saludaran, me hablaran o me tocaran, por mucho tiempo no toleré ningún tipo de contacto de mis compañeros de trabajo, incluso en los proyectos siguientes, pero fue ese momento que marcó mis conductas en adelante, y tal vez para muchas personas me convertí en cara dura; ausente y prevenida caminé de aquí para allá, sin tener claro que quería y hacia donde construir mi vida después de esto.
Me esforcé por librar esta batalla interna que tenía todos los días en ese lugar que me recordaba ese maldito momento y me tuve que reconstruir y renunciar a ese proyecto, no podía dar cabida a una persona así en mi vida, tantos eventos inesperados ocurridos últimamente, hacen ponerte alerta, debía prestarle mucha atención a cómo iba a actuar si quería obtener otros resultados, para superarlo y salir adelante, así como mejorar mi salud física y mental.
Renuncié, pero es difícil seguir y responder preguntas incómodas sin poder contarlo todo al respecto, quedé mal laboralmente por dejar mi cargo en tan poco tiempo de haber iniciado el proyecto, pero en el fondo solo me importaba estar a salvo, otros proyectos aparecerían y yo podría darle continuidad a mi vida laboral.
Afrontándolo todo sola, no fui capaz de compartirlo con nadie hasta muchos años después, que logré contárselo a mi mamá, pues no quería preocuparla ni lastimarla con lo sucedido, lloró, y quería matar y comer del muerto como decimos en mi tierra, pero no valía la pena, ya pasó el tiempo y seguí adelante con mi vida como pude, con las herramientas que tenía en ese tiempo, no es fácil curar tus propias heridas, el aislamiento y la cautela me pareció lo correcto.
Soy cara dura y todo, pero es mi manera de protegerme, de no dejar que algo así volviera a pasar, y a pesar que ese maldito momento es parte de mi vida, no dejé que me arruinara por el resto del camino, el cual solo soñaba recorrerlo junto a una persona que me hiciera sentir amada y valorada.
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Sin darte cuenta
Sin darte cuenta
dejas de mirar el tiempo,
de medir distancias,
de calcular todo,
de pensar y pensar;
y comienzas a ir más despacio,
a respirar más profundo,
a disfrutar la calma del recorrido
sin medirte ni limitarte,
nadie te está presionando,
solo tú misma.
Déjate llevar
déjate disfrutar.
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Aun cuando no estás
Ángel y monstruo
Puedes ser tan amable y cariñoso,
pero a la vez
calculador y manipulador
te aprovechas
de las vulnerabilidades
para disponer de ella cuando te place.
Eres ángel y monstruo
luz y oscuridad
que atrae como un imán
y se considera en un vicio
difícil de dejar,
creas hábitos y necesidades
para controlarla
y tenerla cuando quieras.
Aparentas tranquilidad,
sabiduría y atención,
pero por dentro ardes y eres ira,
estallas por cualquier motivo
llevas una carga de soledades
porque no tienes nada ni a nadie,
vacía tu mente,
vacío por dentro.
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De la única manera
Solo había una manera de tenerle,
ocultándose en ambientes ajenos,
llamándose tarde cuando todos dormían,
las escabullidas entre sombras
le dieron una pista:
era difícil aceptar que eras la tercera persona.
Era de la única manera de establecer una conexión,
y sentirse acompañado en medio de tanta soledad.
Corrías detrás de un imposible,
y caías en los intentos desesperados
por encontrarle;
tu corazón apresurado se rompía con cada caída.
La fotografía pertenece al autor.
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Carolina Charry
De piel blanca, pelo gris, ingeniera de profesión, escritora, modelo, y fotógrafa aficionada, artesana de bisutería, cocinera de eufonías de placeres al paladar, hechicera con las manos, ojos y presencia, compañía, puente, locura, inaudita, indómita.
Mi alma más grande que el océano, y su espíritu más fuerte que el abrazo del mar....
Para cuando necesites otras palabras, para que leas, la recuerdes, sepas y no olvides quien es la que escribe estas palabras.
Para ti este libro: Palabras, cuentos, pensamientos al azar consignados en escritos, fotos, muecas, locuras, desde las montañas mágicas e imponentes, rodeada de agua, derrumbes, obras, tiempo preciado, moralejas, personas valiosas, y laboro.
Notificación de esta lectura
AVENTURAS EMPANTANADAS puede contener capítulos de violencia, intriga, deseos desmedidos, arriesgados personajes, encuentros inesperados, y múltiples situaciones que impliquen inimaginables acciones que tal vez a Usted se le ha ocurrido y que no se atrevió a hacer, o simplemente pensamientos al azar que me albergaron mientras conducía el auto distraída, hablaba con alguien que no me interesaba escuchar, estaba en una reunión aburrida, caminaba hacia el paradero de bus (¡ya no más!), miraba hacia el horizonte, participaba de una tertulia interesante, soñaba, escuchaba una canción inspiradora, hacía inventarios forestales, estaba estancada en un derrumbe, lloraba a moco tendido por un desamor, caminaba por un pantanero, pues cualquier momento que viva, cualquier historia que vea o que me confían merece ser contada, alguien la leerá y valorará mis palabras.





