Desvaneciéndonos
La manera de encontrarnos cambió, antes éramos un cuerpo y un sitio donde llegábamos para compartirnos de manera presencial, para intercambiar momentos, vernos las caras, coquetearnos con las manos, y con los ojos, tomarnos un café, una cerveza y sentir esa sensación en la cabeza de las vueltas que da la vida cuando te pasas de copas, recorrer caminos que solo se recorren y se viven cuando se está allí presente, conocer extraños, probar experiencias, conocer lugares, caernos y levantarnos, abrazarnos y separarnos, sonreírnos y enojarnos, nuestros cuerpos y nuestros ojos se encontraban en ese sitios casi sagrado donde nos identificábamos como personas, donde nada más importaba, a donde íbamos luego del trabajo, cuando había tiempo, cuando estábamos simplemente desparchados o con ganas de estar.
Pero el tiempo y la realidad nos fueron atrapando y las personas se fueron desvaneciendo, sus figuras, el color de sus ojos, la forma de sus cabezas, su olor, y hasta el tono de sus voces, sus muletillas, las pausas al comenzar una oración, la repetición de las historias, las tonterías de las conversaciones, el susurro al oído se fueron desvaneciendo ahora son solo un perfil de una página web, ya no los encuentras en ese sitio, ya no encuentras su presencia, todo se redujo a las comunicaciones a letras escritas y frívolos mensajes.
Mi vida no es solo una pantalla, ni de celular ni de computador, yo no soy un simple perfil de Facebook o Instagram, ni una foto o mensaje de WhatsApp, ni una video llamada de skype, yo soy mucho más que eso, soy una persona, en tres dimensiones, con sentimientos y sensaciones, tengo una vida que no cabe en cuatro bordes de una pantalla como a veces hacen sentir estos mensajes tan impersonales.
Me hace mucha falta la manera como nos encontrábamos antes, mirar a los ojos a alguien al conversar, saludar de beso y abrazo apretado cuando nos encontrábamos, tomar café, sentarnos en un sitio y ver pasar las horas conversando de nimiedades, riéndonos, disfrutando de lo que realmente vale la pena compartir con una persona, no con una pantalla.
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